lunes, noviembre 01, 2010

Supermassive black hole


Lois y Clark, en cualquier bar del mundo, sentados en dos taburetes cualesquiera frente a dos vasos medio vacíos. No medio llenos: medio vacíos.
Lois: Clark
Clark: ¿Sí?
L.: No tenemos nada que decirnos.
C.: Lo sé.
L.: Llevamos una hora aquí sentados, mirando hacia otro lado, sin cruzar una sola palabra.
C.: Peor que eso, no hemos cruzado ni una mirada.
L.: Sí.
C.: ¿Lo dices tú o lo digo yo?
L.: Es mejor que no lo diga ninguno. Cogemos los abrigos, pagamos y nos vamos a casa. Mañana empaqueto mis cosas y me voy.
C.: Vale... ¿Ya está?
L.: Sí, ya está.
C.: ¿Me quieres?
L.: No lo sé. Y tú tampoco sabes si me quieres. No sé a qué ha venido la pregunta.
C.: Por decir algo... Después de tanto sin decir nada.
L.: ¿Sabes una cosa? A veces... A veces me hubiera gustado contarte... contarte cosas. Nada importante. Tonterías. Pero no lo hice. Y todo se quedó dentro. Hasta que hemos explotado, los dos. Pero no me siento... bien. Ni mal. Sólo siento que todo se condensa otra vez y es oscuro. Tan oscuro que se traga la luz.
C.: Entiendo...
L.: Seguro que tú también...
C.: Yo también. Ya está, no sigas. Vámonos.
L.: ¿Volando?
C.: No. Hoy sólo vamos a coger un taxi.

Vidas aparte

4 comentarios:

Art. dijo...

Esa ha dolido.

La estatua del jardín botánico dijo...

Sí. Es como una lluvia de kriptonita.

raúl dijo...

no hay superpoder que arregle algo así. el silencio tupido. la sospecha cierta del final. especialmente con los vasos medio vacíos.

Zorro de Segovia dijo...

vaya, parecían tan amartelados. Tortolitos. Seguro que enseguida se arreglan y todo se olvida.