sábado, marzo 28, 2009

La verdadera historia de Abel y Caín

Primer y único acto.
Cualquier lugar, a las afueras del paraíso, cercano a un río
Personajes: Abel, Caín, Eva, Adán y Dios


Abel: Caín.
Caín: ¿Qué?
A.: Me lo he hecho encima.
C.: Me lo creo, mira que eres tonto.
A.: Es que cuando viene Dios de visita... se me afloja el ojete.
C.: ¡Hijo, pues no lo entiendo porque le tienes encandiladito! Mira que escoger tu borrego... ¡Pobre bicho! ¿Y para qué? ¿Se lo va a comer? ¡Vaya ejemplo, degollando a un animalillo indefenso!
A.: Envidioso.
C.: ¿Envidioso? Los cojones. Envidioso no, de mala leche. Ni un triste gracias por arreglar la cerca, que la tenía como un bardal el muy gañanazo. En fin.
A.: Caín.
C.: ¡Chacho, déjame en paz! ¡No ves que estoy buscando una piedra decente y necesito concentrarme!
A.: ¿Para qué?
C.: Pues para hacer una figurita, que la semana que viene es el cumple de la mama y quiero regalarle algo. ¿Tú ya has pensado en un detallito? Se te echa el tiempo encima y yo este año no te saco las castañas del fuego.
A.: Pues no, no he pensado en nada. Ya sabes que yo no pienso mucho porque como dice Dios nuestro señor, lo importante es ser buena persona y que te quieran tus padres. Bueno, que voy a lavarme al río.
C.: Ten cuidado que el musgo resbala.

Abel se aleja y desaparece tras unas rocas. Se oye un ruido.
A.: ¡Ay!

Caín corre hacia la orilla del río y allí encuentra a Abel con una pitera en la cabeza.
C.: Mira que se lo he dicho, si es que es tonto.
Entran Adán y Eva.
Adán: ¿Qué ha pasado! ¡Ay, Abel! ¡Mi querido hijo Abel! ¡Cómo estás hijo mío, hecho un adefesio!
Eva: Siempre ha sido un adefesio, Adán. ¿Qué esperabas, si salió a ti? En fin, explícate, Caín.
C.: Mama, yo no he sido. Se ha caído él solito. Y mira que le avisé y le dije que tuviera cuidado que el musgo es muy traicionero y con nada estás en el suelo. Pero como el que oye llover.
E.: Me lo creo. Tú, hijo mío, eres muy borde y muy tuyo pero no sabes mentir. Pobrecio -mirando a Abel-, si es que era tonto. Pues se nos viene encima una buena, porque el de arriba no se lo va a creer. O hay un culpable o no se queda agusto. Y tú encima con una piedra en la mano. Se te va a caer el pelo.
Ad.: ¿Qué vamos a hacer, Eva? Todavía no se le ha olvidado lo de la manzana y ya se ha liado otra vez.
E.: Pues aguantar el chaparrón. Mira cómo se está poniendo el cielo. En menos de un minuto lo tenemos aquí.
Un estruendo espantoso quiebra el cielo y la tierra. Adán se cubre la cabeza con ambas manos. Eva, erguida y con la mirada al frente, otea el horizonte. Caín resopla.
Dios: ¡Caín! ¿Qué has hecho?
E.: (susurrando al oído de Caín): Síguele la corriente, hijo, que no merece la pena llevarse un sofocón. Miente, por favor, te lo pido.
C.: He hecho lo que tú creas que haya hecho, Señor.
D.: ¿Con esas borderías empezamos, vegano impertinente? Mmmm... Veamos. Tienes una piedra en la mano. No está manchada de sangre, pero como estás junto al río será porque la has lavado, y como todavía no he creado al CSI no hay forma de descubrir si hay restos de sangre o no. Así que supongo que has intentado eliminar pruebas porque eres culpable.
C.: Eso mismo.
D.: ¿Confiesas? Estupendo, caso resuelto. Lárgate de aquí y flagélate por lo que has hecho por los siglos de los siglos, amén. Y ahora me voy, que tengo muchas cosas que hacer.
El mismo estruendo espantoso hace temblar la tierra y el cielo. Al cesar, las nubes se levantan y sale el sol.
E.: Hijo mío, es evidente que te tiene manía. Mira que te dije que lo de ser vegetariano no era bueno y lo de pensar tanto tampoco. Y aún así, prendita mía, y aunque esté mal decirlo, tú me caes mejor que tu difunto hermano. ¡Ains! Hazme el favor de no tardar mucho en irte. En el valle de al lado hay un campamento de hombres y mujeres. Ve con ellos y búscate la vida como puedas. No regreses porque la lías parda y piensa mucho en mí, que yo haré lo propio.
C.: Ay, mama, ¡cómo te voy a echar de menos!Gracias por confesarme que yo era tu favorito. Lo intuía, mama. Y que sepas que, aunque esté mal decirlo, te prefiero a papa que, por cierto, se lo acaba de hacer encima.

Vidas aparte