miércoles, enero 27, 2010

La soledad de los números primos, Paolo Giordano

Ésta debe ser la reseña mil millones que se escribe sobre este libro, así que ni siquiera voy a intentar ser original porque ya todo está dicho. Entre las cuatro o cinco ideas repetidas en todos los comentarios, la necesaria referencia al tema fundamental del libro, al hilo que vertebra sus páginas y mantiene a sus protagonistas unidos, a la vez que separados: la soledad.
Esta es la historia de dos soledades que con el paso del tiempo se convierten en más hondas, hirientes e impenetrables. De dos personas que van ganando conciencia del paso del tiempo y de lo valioso de esos escasos segundos en los que, sin suficientes movimientos de las agujas del reloj para pensar, uno da los grandes pasos que deliberada o fortuitamente marcarán toda una vida. Segundos que no vuelven. Oportunidades que se pierden.
Hay libros a los que te acercas por necesidad, otros a los que te aproximas por placer, curiosidad, aburrimiento... El estilo directo, sencillo y claro constituye un buen motivo para abrir esta obra. La ausencia de pretensiones es otro. Siendo el tema el que es, no hallo más intención entre las líneas que plasmar un relato triste y desgarrador desde una tercera persona respetuosa con las miserias humanas, que no juzga y que, al final, deja un espacio para la esperanza. Lo áspero de un amor contenido, el tercero. Y perlas perfectamente engarzadas como las siguientes, el cuarto:
"Mattia era deliberadamente muy silencioso en todos sus movimientos. Aunque sabía que el desorden del mundo no puede sino aumentar, que el ruido de fondo crecerá hasta cubrir toda señal coherente, creía que si ejecutaba con cuidado todos sus actos tendría menos culpa en esta lenta desintegración."

"Estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían."

"Bien sabía lo que tenía que hacer: volver con ella, cogerle la mano y decirle que no tenía que haberse ido, y besarla, besarla una y otra vez, hasta que no pudieran dejar de besarse. Ocurría en las películas y ocurría en la vida real, todos los días. La gente no perdía el tiempo, se aferraba a unas pocas casualidades y fundaba sobre ellas su existencia [...] Sí, lo había aprendido. Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida."

No puedo escribir mucho más sin exponer más trazos del argumento o sin desnudar a los personajes. Y ese es un placer que os animo a buscar.
El rincón Diáfano