lunes, noviembre 01, 2010

Supermassive black hole


Lois y Clark, en cualquier bar del mundo, sentados en dos taburetes cualesquiera frente a dos vasos medio vacíos. No medio llenos: medio vacíos.
Lois: Clark
Clark: ¿Sí?
L.: No tenemos nada que decirnos.
C.: Lo sé.
L.: Llevamos una hora aquí sentados, mirando hacia otro lado, sin cruzar una sola palabra.
C.: Peor que eso, no hemos cruzado ni una mirada.
L.: Sí.
C.: ¿Lo dices tú o lo digo yo?
L.: Es mejor que no lo diga ninguno. Cogemos los abrigos, pagamos y nos vamos a casa. Mañana empaqueto mis cosas y me voy.
C.: Vale... ¿Ya está?
L.: Sí, ya está.
C.: ¿Me quieres?
L.: No lo sé. Y tú tampoco sabes si me quieres. No sé a qué ha venido la pregunta.
C.: Por decir algo... Después de tanto sin decir nada.
L.: ¿Sabes una cosa? A veces... A veces me hubiera gustado contarte... contarte cosas. Nada importante. Tonterías. Pero no lo hice. Y todo se quedó dentro. Hasta que hemos explotado, los dos. Pero no me siento... bien. Ni mal. Sólo siento que todo se condensa otra vez y es oscuro. Tan oscuro que se traga la luz.
C.: Entiendo...
L.: Seguro que tú también...
C.: Yo también. Ya está, no sigas. Vámonos.
L.: ¿Volando?
C.: No. Hoy sólo vamos a coger un taxi.

Vidas aparte

martes, junio 01, 2010

Firmin

Mi gato tiene la costumbre de mordisquear las hojas y las tapas de los libros. Un día, incluso, mordisqueó un examen. Este mismo hábito adquirió desde su más tierna infancia Firmin, la rata protagonista de la novela de Sam Savage.
De tanto comer letra impresa, Firmin desarrolló el cerebro y la conciencia. Comenzó a leer y, con ello, desarrolló la imaginación y el pensamiento, aplacó los instintos, aprendió a apreciar la belleza, se enamoró, se hizo compasivo, crítico, libre... y melancólico. Se hizo persona.
Firmin es, salvando las distancias, un nuevo Quijote. Vive en un mundo paralelo. No encaja ya entre sus congéneres pero tampoco entre los humanos, con quienes no puede comunicarse debido a su aparato fonador. Don Quijote ataca molinos de viento creyendo que son gigantes. Firmin sueña que ataca molinos de viento, que charla en los bares con los parroquianos, que sus amores platónicos bailan con él. Su vida es ilusión, catastrófica ilusión.
"Si hay algo para lo que resulte útil una formación literaria, es para dotarlo a uno de un sentido de la catástrofe. No hay nada como una imaginación vívida para desvitalizarle a uno el valor. Leí el diario de Ana Frank, me convertí en Ana Frank. Los demás, en cambio, tenían sus momentos de gran terror, se escondían por los rincones, sudaban de miedo, pero tan pronto como pasaba el peligro ya era como si nunca hubiese existido, y seguían triscando por ahí, tan contentos. Tan contentos, hasta que alguien los aplastaba o los envenenaba o les rompía el cuello con una barra de hierro. Yo, por mi parte, he vivido más que todos ellos, y a cambio, he muerto mil muertes distintas. Me he movido por la existencia dejando en pos un rastro de miedo, como un caracol. Cuando muera de verdad, será un aburrimiento."
Se siente y se sabe un bicho raro, un extraterrestre. ¿Y quién no tiene, al fin y al cabo, su casa en las estrellas al menos en algún momento de su vida?
"Ayuda mucho, en las noches de soledad, poder mirar las estrellas y no ver en ellas meras escamas de hielo ardiente en el Gran Vacío, sino las ventanas iluminadas de nuestra propia casa."

Si queréis sentiros extraterrestres durante un ratito mientras acompañáis a Firmin por las calles más decadentes de Boston, no tenéis más que pedirme el libro.

El rincón Diáfano

miércoles, abril 14, 2010

Rebasar los límites

"Tu inclinación hacia lo objetivo, amigo, hacia la llamada verdad, y a considerar lo subjetivo, la pura aventura, como algo sin valor, es aburguesada y debieras superarla. Tú me ves, por lo tanto yo soy tú. ¿Vale la pena preguntar si existo en realidad? ¿Qué es, en suma, la realidad y por qué no han de ser verdaderos la aventura interna y el sentimiento? Lo que te eleva, lo que aumenta tu sensación de energía, de fuerza y de dominio, esto es la verdad, ¡qué demonio! –aunque fuera diez veces mentira visto desde el ángulo de la virtud. Quiero decir que una mentira que estimula energía creadora puede fácilmente resistir la comparación con cualquier verdad honesta y esterilizadora. Y añado que cualquier enfermedad creadora, dispensadora del genio, la enfermedad que, montada en su cabalgadura, absorbe los obstáculos y, en atrevido galope, salta de un borde a otro los barrancos, es mil veces más agradable a la vida que una salud que va arrastrando los pies. Hay quien afirma que los enfermos sólo pueden venir dolencias. Nunca oí mayor estupidez. La vida no es melindrosa y de la moral lo ignora todo. La vida se apodera del producto de la enfermedad, lo engulle, lo digiere y esto basta para convertir a la dolencia en salud. Ante el hecho de la eficacia vital, las diferencias entre salud y enfermedad desaparecen. Un rebaño, una generación de hombres fundamentalmente sanos a partir de su concepción, se apoya en la obra del genio enfermo, de la genialidad enfermiza, le rinde homenaje, la admira, la exalta, la arrastra consigo, se confunde con ella y la lega a la cultura, que no sólo vive de pan sino que necesita también pócimas y venenos de la farmacia del Mensajero Salvador."
Thomas Mann: Doktor Faustus

En la obra Doktor Faustus, Thomas Mann, a través de Serenus Zeitblom, narra la vida de Adrian Leverkühn, imaginario músico alemán del siglo XX y amigo íntimo de Serenus. Adrian “vende” su alma al diablo para alcanzar la gloria artística, entendiendo por gloria artística no la fama y el aplauso de sus contemporáneos (que en su mayoría le ignoraron) sino el impulso capaz de superar toda barrera, especialmente las que uno mismo impone, en el camino de la creación. Éste es un fragmento del diálogo entre el diablo y Adrián, mediante el cual éste último cierra el contrato por el que “entrega” su alma pero, al mismo tiempo, recibe veinticuatro años de la más despiadada creatividad.
La vida y personalidad de Adrian Leverkühn se inspiran en Nietzsche y Beethoven.

Para documentar los pasajes musicales de la obra, Thomas Mann contó con la ayuda de Theodor W. Adorno, filósofo alemán del siglo XX y miembro de la Escuela de Frankfurt. Adorno fue discípulo de Arnold Schönberg, compositor que creó el paradigma dodecafónico en el que se inspiran las composiciones de Adrian Leverkühn. Como punto de partida de esta aventura musical, la Sonata para piano nº 32, Opus 111 de Beethoven.



El rincón Diáfano

miércoles, enero 27, 2010

La soledad de los números primos, Paolo Giordano

Ésta debe ser la reseña mil millones que se escribe sobre este libro, así que ni siquiera voy a intentar ser original porque ya todo está dicho. Entre las cuatro o cinco ideas repetidas en todos los comentarios, la necesaria referencia al tema fundamental del libro, al hilo que vertebra sus páginas y mantiene a sus protagonistas unidos, a la vez que separados: la soledad.
Esta es la historia de dos soledades que con el paso del tiempo se convierten en más hondas, hirientes e impenetrables. De dos personas que van ganando conciencia del paso del tiempo y de lo valioso de esos escasos segundos en los que, sin suficientes movimientos de las agujas del reloj para pensar, uno da los grandes pasos que deliberada o fortuitamente marcarán toda una vida. Segundos que no vuelven. Oportunidades que se pierden.
Hay libros a los que te acercas por necesidad, otros a los que te aproximas por placer, curiosidad, aburrimiento... El estilo directo, sencillo y claro constituye un buen motivo para abrir esta obra. La ausencia de pretensiones es otro. Siendo el tema el que es, no hallo más intención entre las líneas que plasmar un relato triste y desgarrador desde una tercera persona respetuosa con las miserias humanas, que no juzga y que, al final, deja un espacio para la esperanza. Lo áspero de un amor contenido, el tercero. Y perlas perfectamente engarzadas como las siguientes, el cuarto:
"Mattia era deliberadamente muy silencioso en todos sus movimientos. Aunque sabía que el desorden del mundo no puede sino aumentar, que el ruido de fondo crecerá hasta cubrir toda señal coherente, creía que si ejecutaba con cuidado todos sus actos tendría menos culpa en esta lenta desintegración."

"Estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían."

"Bien sabía lo que tenía que hacer: volver con ella, cogerle la mano y decirle que no tenía que haberse ido, y besarla, besarla una y otra vez, hasta que no pudieran dejar de besarse. Ocurría en las películas y ocurría en la vida real, todos los días. La gente no perdía el tiempo, se aferraba a unas pocas casualidades y fundaba sobre ellas su existencia [...] Sí, lo había aprendido. Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida."

No puedo escribir mucho más sin exponer más trazos del argumento o sin desnudar a los personajes. Y ese es un placer que os animo a buscar.
El rincón Diáfano