viernes, septiembre 04, 2009

Mi familia y otros animales


Hace dos o tres veranos leí "Justine", primera entrega de "El cuarteto de Alejandría" de Larry Durrell. Como "La Rayuela", ésta es una obra que no comprendí y que necesitaría leer de nuevo. Cuando las hice caer en mis manos carecía por completo de la madurez y la experiencia necesarias para entender la sordidez de los personajes o lo novedoso de la estructura narrativa de ambas obras. O puede que simplemente no me gusten y ni siquiera una segunda lectura me haga apreciarlas en su justa medida.
No ha sucedido lo mismo con "Mi familia y otros animales", obra de Gerry Durrell, hermano pequeño de Larry. Encargué el libro porque el título me hacía gracia y no sabía qué me iba a encontrar. Pues bien, me encontré con la isla de Corfú vista a través de los ojos de un niño de 12 años que ama la naturaleza y se dedica a convertir su habitación en un zoológico para desesperación de Larry que, como sospechaba, era un poquito estirado.
Como declara el autor en el "Discurso para la defensa" que precede al relato de sus años en la isla griega, él pretendía dedicar todas las páginas a sus primeras experiencias como naturalista, pero una vez que su familia (Madre, hermanos y hermana) entró en escena, no hubo forma de hacerlos salir. Yo, como lectora, me felicito por ello porque las reacciones del personal ante la variopinta fauna recogida por Gerry son realmente divertidas. Por otra parte, la aparición de seres humanos entre las páginas pone de manifiesto la objetividad del autor: a todas las especies ofrece el mismo trato justo y equitativo, dando a cada cual lo que corresponde en cuanto a reconocimiento de belleza, sabiduría, inteligencia y bondad. Por supuesto, por momentos ganan la fauna y la flora.
Como heroína indiscutible de esta obra sin más argumento que el pasar de los días -qué vida de 12 años podría esperar un argumento mejor cuando se vive por y para la curiosidad de descubrir el mundo- encontramos a mamá Durrell, a la que se dedican palabras de agradecimiento.

"Quiero rendir un tributo especial a mi madre, a quien va dedicado este libro. Como un Noé cariñoso, entusiasta y comprensivo, ha guiado hábilmente su navío lleno de extraña prole por los tempestuosos mares de la vida, siempre enfrentada a la posibilidad de un motín, siempre sorteando los peligrosos escollos del despilfarro y la falta de fondos, sin esperar nunca que la tripulación aprobase su manera de navegar, pero segura de cargar con toda la culpa en caso de contrariedades. Que sobreviviese al viaje fue un milagro, pero logró sobrevivir, y lo que es aún mejor, con la cabeza más o menos indemne. Como señala con razón mi hermano Larry, podemos estar orgullosos de cómo la hemos educado; ello nos honra. Que ha alcanzado ese feliz nirvana en donde ya nada escandaliza ni sorprende lo demuestra el siguiente hecho: hace poco, estando sola en casa durante un fin de semana, se vio agraciada con la llegada súbita de una serie de jaulones portadores de dos pelícanos, dos ibis escarlata, un buitre y ocho monos. Otro mortal de menor talla habría desfallecido ante el panorama, pero Mamá no."
Supongo que soportar a los amigos de Larry ayudó a alcanzar tal estado.
El rincón Diáfano