miércoles, abril 14, 2010

Rebasar los límites

"Tu inclinación hacia lo objetivo, amigo, hacia la llamada verdad, y a considerar lo subjetivo, la pura aventura, como algo sin valor, es aburguesada y debieras superarla. Tú me ves, por lo tanto yo soy tú. ¿Vale la pena preguntar si existo en realidad? ¿Qué es, en suma, la realidad y por qué no han de ser verdaderos la aventura interna y el sentimiento? Lo que te eleva, lo que aumenta tu sensación de energía, de fuerza y de dominio, esto es la verdad, ¡qué demonio! –aunque fuera diez veces mentira visto desde el ángulo de la virtud. Quiero decir que una mentira que estimula energía creadora puede fácilmente resistir la comparación con cualquier verdad honesta y esterilizadora. Y añado que cualquier enfermedad creadora, dispensadora del genio, la enfermedad que, montada en su cabalgadura, absorbe los obstáculos y, en atrevido galope, salta de un borde a otro los barrancos, es mil veces más agradable a la vida que una salud que va arrastrando los pies. Hay quien afirma que los enfermos sólo pueden venir dolencias. Nunca oí mayor estupidez. La vida no es melindrosa y de la moral lo ignora todo. La vida se apodera del producto de la enfermedad, lo engulle, lo digiere y esto basta para convertir a la dolencia en salud. Ante el hecho de la eficacia vital, las diferencias entre salud y enfermedad desaparecen. Un rebaño, una generación de hombres fundamentalmente sanos a partir de su concepción, se apoya en la obra del genio enfermo, de la genialidad enfermiza, le rinde homenaje, la admira, la exalta, la arrastra consigo, se confunde con ella y la lega a la cultura, que no sólo vive de pan sino que necesita también pócimas y venenos de la farmacia del Mensajero Salvador."
Thomas Mann: Doktor Faustus

En la obra Doktor Faustus, Thomas Mann, a través de Serenus Zeitblom, narra la vida de Adrian Leverkühn, imaginario músico alemán del siglo XX y amigo íntimo de Serenus. Adrian “vende” su alma al diablo para alcanzar la gloria artística, entendiendo por gloria artística no la fama y el aplauso de sus contemporáneos (que en su mayoría le ignoraron) sino el impulso capaz de superar toda barrera, especialmente las que uno mismo impone, en el camino de la creación. Éste es un fragmento del diálogo entre el diablo y Adrián, mediante el cual éste último cierra el contrato por el que “entrega” su alma pero, al mismo tiempo, recibe veinticuatro años de la más despiadada creatividad.
La vida y personalidad de Adrian Leverkühn se inspiran en Nietzsche y Beethoven.

Para documentar los pasajes musicales de la obra, Thomas Mann contó con la ayuda de Theodor W. Adorno, filósofo alemán del siglo XX y miembro de la Escuela de Frankfurt. Adorno fue discípulo de Arnold Schönberg, compositor que creó el paradigma dodecafónico en el que se inspiran las composiciones de Adrian Leverkühn. Como punto de partida de esta aventura musical, la Sonata para piano nº 32, Opus 111 de Beethoven.



El rincón Diáfano

2 comentarios:

Art. dijo...

Son pensamientos un poco inquietantes, la verdad... Es como si la verdad fuese la materia limpia, tranquila y estable, y la mentira al antimateria. Proporciona infinita energía, sí, pero en contacto con su homóloga solo puede destruir.

Curiosos estos filosofos modernos, oiga.

Zorro de Segovia dijo...

no necesitamos diablos, sino arrojo para, como sugiere Mann, reconocer la realidad en nuestro interior y no en lo que nos imponen las modas. Pasar de snobismos y dedicarnos a crear. Seremos más felices.