lunes, abril 08, 2013

El lado bueno de las cosas

     El miércoles pasado vi "Silver linings playbook"; es decir, "El lado bueno de las cosas". Y me gustó. Mucho. Como siempre que comento un disco, un libro o una película, hago las siguientes aclaraciones: no soy especilista en crítica y tengo un gusto un poco despistado. Dicho esto, extraigo las siguientes conclusiones del visionado:
     1. La primera parte de la peli, dicen, es lenta. A mí no me lo parece. Cierto: la acción no es trepidante pero es que la vida, en general, tampoco lo es. Considero justificado el ritmo pausado, que no tedioso o falto de intensidad, pues plantea suficientemente la situación, sin tratar al espectador como si fuera tonto y no pudiera atar cabos, y presenta a los personajes en todo su esplendor, que es mucho porque son de traca.
     2. La enfermedad mental es tratada con humor, con delicadeza, sin poses trágicas y, en definitiva, con respeto, que es lo difícil.
     3. Definitivamente, estamos todos locos, sólo que a algunos los diagnostican y tratan y a otros no.
     4. La película me reconcilia con las lecturas e interpretaciones fantasiosas que hacemos de la realidad cuando son ilusionantes, positivas, titilantes. A las otras hay que ponerles un freno. Esos pensamientos sólo se combaten con otro pensamiento, con otra estrategia o interpretación capaz de levantarte de la cama o sacarte del fango como el barón Munchausen -el de Terry Gilliam- se elevaba tirándose de su propio cabello. Y si el norte se te escapa, la realidad  te dará otro. Porque la realidad no sólo da palos: también da pedacitos de fatalidad maravillosos con ojos brillantes.
    5. Es absolutamente necesario e imprescindible aprender a bailar, sobre todo claqué.

Hala, esto es todo. Por supuesto, la recomiendo.



Me llamo Íñigo Montoya