miércoles, julio 01, 2009

Trying your luck

Esta es la canción que mejor me explica ahora. No es que pueda aplicar todas las líneas a mi situación, pero tiene un toque de desgarro y melancolía que, en fin... Eso es lo que siento.

Ya he traído casi todo. Otra vez estoy en Cáceres, esta vez para quedarme durante una temporada de, al menos, dos años. Sigo trabajando en San Vicente, pero vivo aquí. Se acabó el curso y con él una etapa. Eso es lo que dice el calendario, pero mi cabeza me dice otra cosa.
El final no me ha resultado fácil. Dos cuestiones profesionales y una personal me han agriado el comienzo del verano. No se me ocurre ninguna historia, alegoría o metáfora para expresarlo, y necesito hacerlo. Así que ahí van de la forma más breve y clara posible.
1. Hace una semana, el mismo día que se colgaron en el tablón las notas de 1º de bachillerato, los padres de un alumno al que había suspendido vinieron a reclamar. Fue un suspenso (un 4 exactamente) difícil para mí. El chaval se había esforzado mucho y la cagó en el último examen con un contenido pobre y dos faltas de ortografía que le restaban un punto. Su madre vino a decirme de todo: que no había tenido en cuenta el trabajo del chaval, que le fotocopiara el examen para la profesora de clases particulares, que no podía aplicarle los mismos criterios a todos los niños. Incluso me preguntó si continuaba el año que viene en el instituto. Lo siento por el chico, que sólo lleva la mía, pero su madre ya es harinita de otro costal. Me hizo sentir mal. Me cuestioné muchas cosas. Me dejó triste.
2. Ya salieron las notas de la selectividad. Pensé que este año la cosa iba a ir igual que el anterior, en el que los alumnos, más o menos, conservaron la nota que llevaban o bajaron sólo lo razonable. Creí que todo había ido mejor: acabé el temario, los crují a exámenes y comentarios de texto, pude repasar a todos los autores cuando acabaron las clases. Pero no. El lunes me dieron una hostia de las buenas. Las notas de los niños en Filosofía eran bajísimas. La más alta fue un 7'5. Todos los chicos salvo uno comentaron que el examen les había salido bien. Iban seguros a la prueba. Estaban contentos. Y se encontraron con eso. Revisando los criterios específicos de corrección no puedo más que cagarme en quien los ha determinado. Sé que mis alumnos, al menos los que llevaban sobresaliente, saben comentar un texto y saben de Historia de la Filosofía. Alguien, no sé quién, decidió que cuando se cerrara la composición exponiendo a otro autor, distinto de aquél al que pertenecía el texto a comentar, había que hablar de dos temas en concreto, muy vagamente formulados. Por supuesto, los chavales no saben eso mientras están haciendo el examen: los criterios se publican después y no se comparten con el alumnado que realizan la prueba. Creo que han bajado la nota en ese punto concreto de la composición, y me parece una mierda. Podrían haberles jodido la media para entrar en la carrera que querían. Por suerte no ha sido así. Algunos han reclamado. No sé si les subirán la nota. También estoy triste por eso, y contrariada, muy contrariada. Ahora mismo no sé si les he enseñado bien, si me equivoqué al plantear la resolución de los comentarios, si exijo poco, si lo he hecho mal.
Hasta aquí lo profesional. Ahora viene lo personal.
3. He dejado una casa y al cerrar la puerta se cerraba un ciclo de dos años en los que he tenido la dicha de compartir mis días con un puñado de personas que se han convertido en mis amigas. No sé si ellas sienten por mí lo mismo que yo siento por ellas. El caso es que yo los quiero un montón. Quien no se ha movido toda la vida como el baúl de la Piquer no sabe lo maravilloso que es tener amigos a los que ves todos los días. Cerrar la puerta del piso no implica un borrón y cuenta nueva. Voy a echarles mucho de menos, y esa añoranza se queda durante un tiempo, sobre todo cuando estás solo. Me hubiera gustado decirles cuánto les quería y el bien que me ha hecho estar con ellos. Pero esas cosas son un poco de adolescentes e igual, si se lo soltaba, salían corriendo. Cosas que pasan.
Bueno. Ya lo solté. Ahora siento que estoy al pie de una pendiente elevada que tengo que subir. Y también siento que, después de estos dos años, tengo que aprender a vivir de nuevo conmigo, a solas. Creo que tengo muchas cosas de las que hablar conmigo misma.
Por suerte, mañana empiezo a buscar piso, y eso siempre es una aventura escalofriante que depara muchas sorpresas desagradables y situaciones pintorescas. A la espera de las mismas, con el teclado siempre a mano, supongo que en esta semana podré contar algo gracioso.
Todo lo demás.

6 comentarios:

Art.DM. dijo...

Ays...

No sé si lo que voy a decirte te va a servir de algo, pero si has tenido la valentía de contarlo a pelo, te mereces alguna respuesta real.

En lo profesional: no creo que hayas hecho nada mal en absoluto. Si el chico se ha quedado con un 4 es que seguramente lo valía, y mejor tumbarlo tú y que estudie un poco más a que lo tumben en selectividad. Y una asignatura no es tanto para un verano entero. Respecto de la selectividad: te la han jugado a ti como nos la pueden jugar a nosotros (los alumnos). Ante gente que se inventa los criterios no se puede hacer nada. Es lógico que te siente mal, de igual forma que les sentará a ellos, pero es que cosas así son inevitables xD Más finamente: "si nos quieren joder, nos van a joder".

Y en lo personal... Yo estoy igual que tú, o parecido. Vuelo de casa despues de haber vivido siempre aquí, cambio de ciudad... Pero es que cada cambio es tener carta blanca para lo que quieras hacer. Lo que has tenido, lo vas a retener, y ahora puedes abrir otro camino más. Mucho ánimo y que las vistas desde lo alto sean buenas.

Sade dijo...

Suerte en la búsqueda de nueva casa; veo que has tenido mucha actividad... y aunque no sea toda positiva, de todo hay que sacar el lado bueno.
Seguro que te va a ir genial.
Un besote.

La estatua del jardín botánico dijo...

Muchas gracias por el apoyo. Ahora estoy un poco flojilla, pero los días pasarán y me pondré a pensar en otra cosa y a cambiar lo que haya que cambiar. Un besazo.

Retrack dijo...

1. Con gilipollas e infraseres te vas a topar toda la vida, pero sé que tú haces lo que tienes que hacer, y al chaval no le va a pasar nada por estudiar un rato por las tardes en agosto.
2. No te lo tomes todo de forma tan personal, que las notas de tus alumnos NO SON TUS NOTAS. El trabajo de cada uno, y en selectividad a veces la suerte, es fundamental, o no?
3. Paciencia que encontrarás un piso bien chusco, y el año que viene tendrás nuevos compañeros y comnservarás la amistad con los antiguos.
Así que menos bajona que no hay motivo. Te lo digo yo que veo que no pinto nada en todo esto.
Suerte

Anónimo dijo...

1º Casos de estos se dan en todas partes. No es tu culpa, ni siquiera la del chico. No voy a hablar de los padres, algunos, porque me cabreo.
2º A mí me ha pasado exactamente igual en Arte. Ya somos dos.
3º Cáceres siempre será Cáceres. Yo estuve 15 años fuera.Ánimo y ¡bienvenida!
Diáfano.

Ladelmedio dijo...

Sí es verdad que cuando echas todas tus ganas y esfuerzos en enseñar a tus chicos, te da en el alma que los resultados no sean proporcionales, pero tú sabes que has hecho todo lo que estaba en tu mano. No te sientas culpable.
Y con la madre pesada, pues que se meta un dedito por el ojo. Joé!
El tema de la mudanza y del cambio, pues qué decirte, siempre son duras las despedidas, pero piensa que ese tiempo lo has disfrutado y que peor sería marchar sin pena ni gloria. Seguro que tu nueva etapa será maravillosa, tu piso nuevo muy luminoso (para que se retuerzan los tallos de tus plantas) y encontrarás compis estupendos (en todos lados hay gente maja).
Si eso, por aquí andamos.
Un beso enorme y suerte en todo!!!