sábado, julio 04, 2009

El parque


Se levantó temprano. Acabó el libro que tenía entre manos desde hacía un par de días y, después de una ducha que convirtió el suelo del baño en un estanque, salió a la calle. Dirigió sus pasos hacia la librería. Tenía que cruzar el parque. Allí, sentado en un banco, con la mirada perdida en los adoquines un hombre custodiaba una botella de refresco. Era la imagen misma de la desolación. Alzó la vista, que no la cabeza, y se encontró con unos ojos castaño lloroso sobre fondo blanco inmaculado. Y por un instante tuvo la sensación de que ella misma se estaba mirando a la cara. A través de la fina capa brillante de angustia y ansiedad contenidas percibió todas las dudas que un hombre de mediada edad era capaz de albergar en su pecho. No necesitaba su historia personal. Le bastaba aquello para saber que aquel individuo estaba perdido, en medio de ningún lugar, rumbo a ninguna partre. Se imaginó que, sin saber muy bien cómo ni tampoco cuándo, aquella persona había acabado en el lado de los perdedores, justo donde ella se sentía instalada, por fatídico decreto, desde el mismo día en que tuvo conciencia de sí.

De camino a casa, con el libro en la mano, pensó en la dignidad de aquella estampa y en la enorme diferencia existente entre ser perdedor y sentirse víctima, siquiera de uno mismo. Reconfortada por aquella diferencia que tan clara y distintamente se aparecía ante su mente, con una evidencia cristalina más propia de una verdad matemática que de un saber práctico y existencial, abrió el ibro y comenzó a leer. " Estaba amarrada por correas de cuero en una estrecha litera de estructura de acero..."
De los que no juzgan

4 comentarios:

Ladelmedio dijo...

Dos veces lo he leído. Destaco:
1." A través de la fina capa brillante de angustia y ansiedad contenidas percibió todas las dudas que un hombre de mediana edad era capaz de albergar en su pecho". Creo que vivir en situación de duda,"rumbo a ninguna parte", es un poco de muerte, sobre todo si no hay decisión pa' tirar a un lado o a otro. Conozco hombres así, mientras dudan viven de vacío.Es triste.
2. "Aquella persona había acabado en el lado de los perdedores, justo donde ella se sentía instalada, por fatídico decreto, desde el mismo día en que tuvo conciencia de sí". Buf!! Qué palabras tan durísimas. Perder o ganar está en función de si se ha luchado o no.Muchas veces he sentido que perdía, a veces sin siquiera haber empezado la carrera, hasta que comprendí que o me lanzaba o me pudriría.
3. "Pensó en la enorme diferencia entre ser perdedor y sentirse víctima, siquiera de uno mismo". ¡Bravo! Un final redondo, no es lo mismo, no no no.
4. "Estaba amarrada por correas de cuero en una estrecha litera de estructura de acero..." Anoche me regalaron el primero, ¿todo el mundo los ha leído, por dios? ¿Qué debe sentir el autor? No será el hombre del banco...

La estatua del jardín botánico dijo...

¡Madre mía! ¡Qué análisis! Sí, parece que todo el mundo ha leído o está leyendo algún volumen de Millennium. Me compré el primero el jueves y hoy he empezado el segundo. No sé si pasará a la Historia de la Literatura Universal, pero a mí me gusta. En cuanto al autor, creo que ya no piensa mucho porque se murió de un ataque al corazón poco antes de que saliera el primer volumen. Eso es lo que pone en la solapa del libro.

Anónimo dijo...

Espero que, una vez más, tus posts no sean autobiográficos.
Diáfano

La estatua del jardín botánico dijo...

Tranqui, no lo es. Pero al hombre sí lo vi. A partir de ahí, todo es invento. Por cierto, tenías razón: no puedo dejar de leer, es como un agujero negro.