martes, julio 07, 2009

El día del gato

Que uno no aprecia realamente algo, sobre todo los objetos de uso cotidiano, hasta que los pierde o se rompen es un axioma de la condición humana. ¿Habéis reparado alguna vez en la importancia del retrovisor derecho de vuestro automóvil? Yo no lo hice hasta el lunes, o sea, hasta ayer.
El domingo por la mañana mi madre me despertó y me dijo "malas noticias, se han cargado el retrovisor derecho de tu coche". Soy una persona con suerte: en octubre me quitaron el espejo del retrovisor izquierdo. Sabía que conducir sin éste molaba mogollón, pero no sabía lo excitante que resultaba meterse en la Cruz (para el que no sea de Cáceres, se trata de una intersección demencial) con el retrovisor derecho oficiando de abanico, ahora más abierto ahora más cerrado, reflejando tu brazo. Mi cara debió ser, más o menos, ésta:
Evidentemente, no me di a tan crispante pasatiempo sin un motivo: tenía que llevar el coche al taller, donde me dijeron cuánto costaba reparar la broma. La secuencia de mis caretos debió ser ésta:












Tras la fase incial, en la que aún no había comprendido el hostión económico que supone un trozo de plástico, intuí que tengo que empezar a apretarme el cinturón porque un coche es peor que un hijo pendenciero y borrachín en su etapa universitaria, si es que eso es posible. Mi rostro, y mi cuerpo entero, debieron aparecer ante el encargado del taller -muy majo, por cierto- de esta guisa:

Ahora estoy en mi casa, escribiendo esto, mientras espero una llamda del taller mediante la que me comuniquen que el perito de la compañía aseguradora se ha dignado a aparecer por allí -en principio tenía que haberse dignado a las 9 de la mañana- de modo que pueda recoger mi carromato e irme de viaje, algo que tenía previsto para hace ya un ratito. Como estoy un poco cabreada por la impuntialidad del señor o señora en cuestión, mi cara es ésta:

Pero confío, no sé si con razón o sin ella, en que esta tarde pueda estar de viaje, y llegar a una hora prudente, de modo que mi estado, al final del día, sea el siguiente:

Todo lo demás

7 comentarios:

Ana dijo...

xD Que buenas las caras del gatito!!
Te imagino en cada momento con esas caras y madre mia!! xP
jajaja!!

Hace tiempo que te leo, pero creo que no te he comentado nada todavia...o quiza si.. nome acuerdo...(tengo muy mala memoria, jeje)
De todos modos te leo siempre, me gusta lo que vas contando!!

Un saludo y felices vacaciones!!

Sade dijo...

Pero que bien lo cuentas... y elg ato... ni te cuento!
Mira, yo no conduzco, pero en casa hay coche y tú sabes lo que me joroba a mi lo del seguro, joer que precios!, así que nada, llévalo con resignación "gatuna".
Un abrazo veraniego.

Ladelmedio dijo...

Que los coches son gastosos, no hay ni que dudarlo. A mí me han cobrado hace poco 80 euros por quitarme un tornillo de la rueda. Se dice pronto! Por lo menos hacen algo bien: nos llevan de vacaciones.
Que disfrutes de tu viaje!!

Anónimo dijo...

Efectivamente. La misión fundamental del coche es llevarnos de vacaciones. Pero los gatos no reflejan tu cara. Para mí, tu cara es la de la ilustración de Van Dongen que tienes en tu blog. Sin boina, claro.
Diáfano.

La estatua del jardín botánico dijo...

Pues yo, Diáfano, me miro al espejo y me encuentro bastante parecido con el gatito.

klimtbalan dijo...

Muy buena secuencia ilustrativa!!
Conseguiste llegar a tiempo???
Andaré por tu tierra unos días, concretamente en Pinofranqueado...te pilla cerquita??
Un besote!

Zorro de Segovia dijo...

ja, ja, me parto con tus caras. Anda, quédate con la última viñeta para todo el verano. Felices vacaciones !!!!